| Centenario de la escuela de Prieres (III). Escuelas y maestros de nuestras aldeas |
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| lunes, 14 de diciembre de 2009 | ||||||||||
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Tal ![]() La "Casa Habitación", o del maestro de Prieres Centenario de la Escuela de Prieres (III) ESCUELAS Y MAESTROS DE NUESTRAS ALDEAS Jenaro Pérez “El Director dirige, el profesor explica y sólo el maestro enseña”. Esta frase, en mi entender, resume la grandeza de una profesión que desde los comienzos de la historia ha sido el pilar de todo progreso, pues no olvidemos que es el maestro o la maestra el soldado que abre brecha en las inéditas páginas de la mente en ciernes de nuestra infancia, estructurándola —lo que hoy llamaríamos “formateándola” —para recibir y procesar todas las enseñanzas que deparará la vida. ![]() …”Hay centenares de escuelas casi sepultadas entre la nieve, desnudas y obscuras como cavernas, donde los chicos se ahogan por el humo, dan diente con diente por el frío, mirando con terror los blancos copos que caen sin cesar, que se amontonan sin descanso sobre sus lejanas cabañas, amenazadas por los témpanos de hielo.(1). E. de Amicis Este párrafo entresacado de “Corazón”, diario de un niño, (2) define muy certeramente lo que eran las escuelas hasta mediados del siglo XX. Y de ello doy fe, pues aunque de niños no lo veíamos con los tintes tan sombríos que Amicis nos las presenta, recordando uno se da cuenta de la enorme energía que un niño almacena y las grandes dosis de optimismo con que se viene a la vida. También ahora, en la distancia, uno puede valorar en su justa dimensión todo el esfuerzo y sacrificio que hubieron de emplear aquellos esforzados maestros de aldea. Estudiar y trabajar. La escuela rural solía ser obra de los vecinos, y sufragada económicamente por algún emigrante del pueblo, como es el caso de la de Prieres. Hasta bien mediados del siglo XX, la actividad escolar en entornos rurales estuvo condicionada por las necesidades propias del lugar, pues muchas veces los padres se veían forzados a utilizar a sus hijos como refuerzos en pequeñas labores. Los niños éramos entonces necesarios a la hora de “coger les castañes” “ermesar les ablanes”, “esparder la herba”, “dir por agua, llevar la “reciella” o en asuntos de la vecería en el monte, cuando el turno tocaba a los de casa. Tareas tan simples como “llindiar les vaques”, eran labores que aliviaban un poco el trabajo de los mayores y que el maestro o maestra era capaz de entender. Recuerdo muy bien la alegría con que recibíamos los dos días de vecería que nos tocaba en casa de mi abuelo, sólo por el hecho de estar este tiempo sin ir a la escuela “legalmente”. Otras veces, la dispensa “legal” de asistir a las clases era la necesidad de quedarse al cuidado de algún hermano más pequeño, para que su madre pudiese asistir a las faenas de la tierra. Estaba claro para todo padre que, por encima de la escolarización de sus hijos, primaba la necesidad vital de mantener asegurada la subsistencia de la casería, del pueblo y de la cultura campesina. Lo cierto es que el maestro rural actuaba como bisagra entre dos culturas o “mundos”: el rural y el más urbano, y junto al cura (pues éste también tenía su función de la que habría que hablar en su momento), a él se le debía que una inteligencia privilegiada no fuese desperdiciada por falta de más amplios estudios, consiguiendo que sus padres le enviasen fuera del pueblo para ampliarlos. Como esto debería ser compatible con el mayorazgo (3) de la casería, solían ser los hermanos menores quienes estudiaban, puesto que era al primogénito a quien se le reservaba la administración y propiedad de la hacienda. En definitiva, toda le herencia o gran parte de ella, la heredaba el primogénito, con el fin de no desmembrar la familia. Los maestros a sueldo Los maestros rurales podían no ser siquiera titulados, simplemente los vecinos delegaban la labor de enseñanza en alguna persona, un poco más instruida, bien del propio pueblo o bien buscado en los aledaños. Así, en el sur-occidente asturiano, se aprovechaba la feria ganadera de Los Santos de Gera (Tineo)— recientemente recuperada, por cierto— para realizar la contratación de los maestros que, curiosamente, eran todos de Babia, comarca leonesa que linda con Asturias. Eran contratados desde diciembre a marzo por 30 o 40 duros y el pueblo se encargaba de darles comida y cama, menesteres para lo que iban turnándose los vecinos. Estos “maestros” no titulados venían a esta feria casi uniformados, pues solían vestir todos trajes de pana, y con un macutillo como único equipaje, donde llevaban sus mínimos materiales didácticos, limitados a algún apunte y, como mucho, a algún manual de redacción de cartas. Curiosamente, la comisión contratante, valoraba mucho si el contratado sabía manejar el acordeón o algún instrumento musical, pues paralelamente a la labor docente con los niños, también serviría para animar las largas noches del invierno en las brañas, en las fiestas que jóvenes y viejos organizaban para hacerlas más llevaderas. Las enseñanzas de estos babianos, simplemente consistían leer, escribir y las cuatro reglas elementales de la aritmética. Y, si algún comisionado exigía saber, hasta donde iba a llegar el “nivel” de los estudios en esta materia, solían contestar que sus hijos llegarían a saber resolver problemas tales como, “cuanto valen 6 sardinas a real y medio la sardina y media”, ante lo cual el paisano quedaba convencido de que contrataba un buen maestro. Les escueles de Casu Donde primero se me ha ocurrido consultar es en el “Catastro del Marqués de la Ensenada”, documento interesantísimo, que nunca agradeceremos bastante los aficionados a la historia popular y rural. Vemos que en nuestro concejo, en esta famosa declaración de los recursos económicos generales de los pueblos de España, (4) Orllé—que entonces era un coto sometido al señorío de Don José de Havia Caso y Orlé— se declaraban 288 reales de vellón a favor de un Maestro de Primeras Letras, (5) llamado Domingo Reguero Molina. En este mismo Catastro, también se mencionan los 800 reales de vellón que rendía el alquiler del Puerto de las Carbas, que un particular no mencionado, tenia donado para el mantenimiento de una escuela de niños y niñas en Caliao. Salvo estas menciones, en este Catastro no constan más gastos deducibles para enseñanza primaria ni de ningún tipo en Casu, lo cual no excluye la existencia de la misma, si se tiene en cuenta que, a la sazón, en el concejo se contabilizaban hasta treinta curas, que es de suponer que realizarían en sus pueblos alguna labor docente, además del catecismo. ![]() (Foto del Mueseo de la Escuela Rural de Viñón) Otra fuente de información que nos da algunos datos sobre las escuelas de la Tercia y del concejo, lo encontramos en el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus Posesiones, editado a mediados del siglo XIX por Pascual Madoz. En esta obra, también encomiable, por reflejarnos una instantánea de la economía de la España de entonces (como lo había hecho cien años antes el Catastro de Ensenada), vemos que a El Campu se le asigna una escuela de Primeras Letras, sin que se especifique que presupuesto tenía asignado; a nuestra Tercia de Tañes, también se le asigna una escuela de Primeras Letras, donde este diccionario le asigna la asistencia de 30 escolares, de ambos sexos y un presupuesto de 1.100 reales anuales. En este diccionario, Prieres no es mencionado sino como lugar perteneciente a la parroquia de Tañes, así que allí es de suponer que irían los niños del pueblo, hasta que se construyó La Sapera, y ya Prieres pudo contar con maestro propio. A Caliao también Madoz le registra una Escuela de Primeras Letras, para ambos sexos, que solo era frecuentada de noviembre a abril, dotada con 600 reales, (6). A Orllé, Madoz le asigna Escuela de Primeras Letras, sostenida pos los vecinos, sin especificar de qué pecunia estaba dotada; aquí Orllé, ya figura como parte integrante del Concejo de Caso. ![]()
Museo de la Escuela Rural, de Viñón También informa este diccionario, que había una Escuela de Primeras Letras, que solo era abierta la mitad del año, en Sobrecastiello, sin más especificaciones. Acerca de los demás pueblos del Concejo, no se especifica más información de existencia de escuela, lo cual, como ya dije anteriormente, no significa que no hubiese en estos pueblos alguna persona que se encargase de impartir una mínima enseñanza en los mismos. La nuestra Como expuse en estas mismas páginas de El Ferre, se sabe que antiguamente los “nenos” de Prieres iban al Cabildo de la Iglesia Tañes a tomar las clases de sus primeras letras (costeadas por sus padres) y que por un tiempo fueron llevadas a Abantru, a casa de Francisco Perea, para regresar de nuevo a Tañes, esta vez a la capilla (siendo el maestro en esta capilla Don Manuel González) Las condiciones para estos rapacinos debieron de ser durísimas, pues si bien existía un camino que pasando por “El Canellón” y Los Eros, llevaba a Tañes por Pontonciellos, la ruta escolar coincidía con la “oficial” usada para bautizos, bodas y entierros que se hacían en Tañes, que pasa por El Fondón y El Castru. (7) ![]() La Iglesia Tanes (de Asturias, de Bellmunt y Canella) Entre tantos inconvenientes, los vecinos del pueblo tomaron la decisión de promover, costear y construir su propia escuela, que según todos los indicios, fue llamada “La Sapera”. En esta escuela también participaron muy activamente las dos familias de Los Eros de Prieres, que a la sazón eran la de Manuel Quintana y la de Gabriel Cueria. El hecho fue que, gracias al esfuerzo de todos los vecinos de Prieres, se erigió la escuela y comenzaron a llegar oficialmente los maestros y maestras que ininterrumpidamente, enseñaron a los niños de Prieres hasta los años 70, en que las escuelas comenzaron a centralizarse en núcleos, por motivos de racionalización. De nuestra escuela (8) sabemos que ya en el siglo XIX, el departamento de Instrucción Pública proveía de maestros a nuestro pueblo, y que en junio de 1899, en Prieres había plaza oficial para maestro de escuela, pues por esta fecha, nuestro pueblo figuraba entre los que se ofrecían a los “maestros repatriados” de las colonias, que a la sazón iban adquiriendo la independencia de España. A principios del siglo XX, nuestra escuela estaba considerada como “Incompleta mixta” (9) y también sabemos que en 1937 ya figuraba como “Escuela Nacional Mixta”, pues en una reseña de prensa figurábamos entre otras escuelas como donantes de 9,25 pesetas en beneficio del “Orfanato y Refugio de Hijos de Milicianos”. ![]() El año de 1909, como recuerda el dintel del primitivo local escolar, representa el esfuerzo de sus iniciadores (Fernando Cueria, Antonio Sánchez y 8 más) y el de 1922 el de la inestimable ayuda de sociedades y benefactores por costear la edificación de la casa del maestro, (10). Estas obras —más la posterior remodelación de la escuela, notablemente deteriorada por nevadas e incendios— supusieron un valor añadido a nuestra aldea, haciendo en lo posible más atractivo el puesto de maestro en Prieres, que a juzgar por las veces que la plaza estuvo disponible, no fue precisamente una plaza apetecible. Tuvieron que ser maestros y maestras jóvenes los que, presumiblemente, en su primer destino venían a estos recónditos pueblos, como Prieres, hasta conseguir plaza más atractiva para vivir (por lo que observamos en las hemerotecas, solían parar poco en Prieres, pues en cuanto el escalafón se lo permitía, se marchaban). ![]() Hay que reconocer que en el Prieres del siglo XIX y principios del XX, las condiciones de vida y acomodamiento tenían que ser forzosamente duras y precarias para estos jóvenes que venían, quizá, de ambientes menos adustos para vivir. Sabemos que el Prieres de entonces, sin casa habitación del maestro hasta 1922 incomunicado prácticamente todo el año y obligados a vivir en casas particulares, estos maestros veían poco aliciente en su estancia y sólo les cabían dos salidas: o bien marcharse cuanto antes se lo permitiese el escalafón, o bien aclimatarse al pueblo, echando raíces en el mismo y casándose con algún chico o chica, procedente de alguna casa de labranza, más o menos acomodada; situación ésta que se daba con frecuencia en los pueblos, pero que no me consta haya sucedido en Prieres. Me los imagino en las largas noches de invierno, al lado del llar, a la luz de un candil, conversando con los de la casa, sobre las cosechas, la ganadería o el tiempo, o bien leyendo algún libro o periódico atrasado, que de forma más o menos fácil llegaba a sus manos y que serían como retazos de libertad, en aquel confinamiento más intelectual que físico, que suponía su estancia en Prieres. Mi abuela solía comentarme que muchas tardes, algún maestro se acercaba por la casa y se sentaba con ellos a tomar un café y tener un rato de conversación; otros como el que vivía en casa de Beatriz Cueria, se entretenía tallando, a punta de navaja, unos sellos en madera para el marcado de los quesos, sellos que a más de un vecino debió obsequiar, pues me consta que mi abuela los tenía, así como mi tía abuela Aurora, (con la que más de una vez me toco darle al rabil de la amasadora del queso; labor agradecida, pues siempre era posible en un descuido untar un poco de “gorollu” en el dedo y comérmelo a escondidas, ¡¡ menuda era ella si me pilla !!). Para finalizar esta segunda parte, me gustaría hacerlo a modo de homenaje a aquellos pioneros maestros de los que tenemos constancia. A Doña María Consuelo Sánchez, que en abril de 1905 le llegó el despacho con la orden de incorporarse a la escuela de Prieres. A Don Manuel Ferrero Lozano, que en el mismo mes de 1907, le tocaba en suerte nuestro pueblo como plaza para ejercer su profesión, dura donde las hubiere, mal dotadas de sueldo, y en nuestro caso, un pueblo donde vivir no era fácil ni a los propios del lugar. A Doña Severina Nicolasa de la Riva, a quien le tocó, con toda probabilidad, iniciar la nueva andadura del edificio escolar de Prieres, reconstruido en 1909, que según consta en nota de prensa de 21 de julio de 1909 en El Publicador, le adjudicaban la escuela Incompleta mixta de Prieres, con unos emolumentos anuales de 500 pesetas, más algún complemento legal, nunca demasiado abundantes, como para desterrar el nefando dicho de “¡¡Pasa más hambre que un maestro de escuela!!” ¿Qué sería de ellos?... Sin olvidarnos tampoco de tantos otros que les sucedieron, como Don José Ramón Telenti que impartió las clases allá por la década de los 40; o Don Abelardo, que fue el maestro que yo conocí, eventualmente, las temporadas que por diversos motivos me toco vivir en Prieres con mi madrina Aurora, o con mis abuelos Dulia y Benjamín. Recuerdo que este señor utilizaba la mano izquierda para escribir, pues tenía seriamente paralizada la derecha y también creo recordar algún problema con su vista. Vivió en el pueblo con su esposa Doña Luz, en la casa del Maestro, creo que durante varios años. Llegó a tener una niña, allá al principio de los cincuenta, de la que no tengo noticias, excepto que alguna vez visitó Prieres. Después de irse Don Abelardo vinieron más docentes a Prieres, de las que no tengo más noticia que las que he leído en el artículo de Juan Carlos Río, pues aunque alguna temporada coincidí en época escolar y aún estando yo en edad de ser “escolín,” de alguna manera me zafé de asistir a las clases en Prieres: recuerdo esperar la salida de toda la “reciella” tumbado al sol en el pie de la campana, con gran satisfacción y sin ningún remordimiento de estar practicando el “dolce far niente”.
![]() Aquí concluyo aquí esta segunda parte (que espero continuar con una última, más sentimental y construida con los recuerdos que en los de mi generación dejaron aquellas escuelas) pero no sin antes hacer la reflexión de que, si bien Prieres fue un lugar difícil para la cultura por su difícil ubicación y dureza de clima, en unos tiempos en que las comunicaciones eran muy precarias, ello no fue en absoluto impedimento para que sus gentes tuviesen un mínimo de contacto con ella. Se da el caso paradójico, que yo conocí a Dumas, a Fenelon y a Mark Twain a través de unos viejos libros (11) encontrados en el desván de casa mis “güelos”, digo paradójico, pues parece que en Gijón debería haberlos conocido antes. Puedo constatar que mi tatarabuelo Dimas Francisco sabía escribir muy bien y dominaba los números, pues conocí una agenda o diario de anotaciones referentes a la marcha de la casería, en esta agenda se anotaban los costos en Reales de su hacienda, así como también los ingresos; mis abuelos Dulia y Benjamin también sabían leer y escribir, lo que nos confirma que en la Tercia la enseñanza a los “nenos” no fue cosa que se descuidase, sino todo lo contrario.
Gijón, 14 de Abril de 2009 , Jenaro Pérez Francisco 1. Véase “Historia de la Escuela Prieres”, “La Escuela hoy” y “Benefactores de Prieres”. 2. Edmundo de Amicis (Oneglia, Italia, 21 de octubre de 1846 - Bordighera, Italia, 11 de marzo de 1908) era un escritor italiano, novelista y autor de libros de viajes. Una obra, tal vez la mejor conocida es Corazón (Cuore) publicada en 1886... Traducida a múltiples idiomas, en España lo fue por Hermenegildo Giner de los Ríos, de la 44ª edición italiana; hermano de Francisco Giner de los Ríos. Este libro fue utilizado para práctica de lectura en las escuelas primarias hasta mediados del siglo XX en España. Otro interesante elemento es que el libro, está presentado como el diario de un niño, Enrique, a través de su año escolar como alumno de tercer grado en una escuela municipal de Turín. En él aparece interpolado el famoso cuento “De los Apeninos a los Andes”. El “Corazón” es un libro que refleja los avatares de un alumno en las escuelas elementales italianas del siglo XIX, algo muy similar a nuestras escuelas de la misma época. 3. (De mayoradgo). Institución del derecho civil, que por las leyes de desvinculación del siglo XIX quedó circunscrita en España a títulos y derechos honoríficos, y que tiene por objeto perpetuar en la familia la propiedad de ciertos bienes con arreglo a las condiciones que se dicten al establecerla, o, a falta de ellas, a las prescritas por la ley. 4. En Casu, esta encuesta o inspección Real, se efectuó el 17 de Julio de 1752, siendo dubdelagado para esta operación en el concejo Don Francisco Salvador Fernández Solís. 5. Escuelas de Primeras Letras fueron las primeras que en España se instituyeron de una manera oficial por orden de Carlos III. Es en la España de 1767, cuando los hombres ilustrados que formaban gobierno con Carlos III, adelantándose en cierto modo a la “ley Moyano” (1857) redactan un artículo del fuero para las nuevas poblaciones de Andalucía y Sierra Morena, que decía: “Todos los niños han de ir a las escuelas de “Primeras letras” debiendo haber una casa en cada concejo para los lugares de él; situado cerca de la iglesia, para que puedan aprender la Lengua Española y la doctrina a un tiempo”. 6. Aquí, es de notar una diferencia nominal de 200 reales con respecto al Catastro de Ensenada realizado 100 años atrás, cosa extraña pues parece lógico que los precios hubiesen subido, pudiendo esto deberse a la diferencia entre el Real de vellón de los tiempos del Marqués y el Real a secas que especifica Madoz en 1850. 7. Véase en estas mismas páginas el articulo “Los accesos de Prieres” 8. Véase: El apartado de Hemeroteca de El Ferre
9. Las escuelas incompletas mixtas solían tener algunas materias menos en su programa de estudios. La escuela incompleta es la misma elemental empequeñecida, en que para facilitar su implantación en los pueblos de escaso vecindario y adaptarla a las necesidades más urgentes de los mismos, se disminuye el número de materias que en términos generales prescribe la ley como propias de ese grado de la enseñanza primaria. Incompletas son las escuelas estatuidas con esos fines por la legislación en todos los países, con los calificativos de rurales, mixtas, de temporada y ambulantes.
10. Inscripción en la casa del Maestro:ESTA OBRA BENEFICA FUE HECHA POR SUSCRIPCION POPULAR, INICIADA POR LA SOCIEDAD CASINA DE LA HABANA SIENDO PRESIDENTE DON RAMON GARCÍA QUINTANA Y SUS PRINCIPALES COLABORADORES DON RAMON SANCHEZ Y DON JOSE ACEBO. AÑO 1922.
11. Con gran regocijo, un buen día—a mis 8 años—, me encontré con una biografía de Abraham Lincoln; con un libro de cuentos de un Mark Twain —que en aquel tiempo era un perfecto desconocido para mí— con una novela de Alejandro Dumas, fantástica para mi mente aventurera, titulada “El bastardo Caballero Agénor de Mauléon y su escudero Musaron”; incluso entré en contacto con las Aventuras de Telémaco, hijo de Ulises, de François Fenelon (este libro encuadernado en piel de becerro, muy posiblemente de una primera edición, pues la fecha era de mil setecientos y algo, le recuerdo como un libro difícil de leer por su castellano arcaico; con un librito muy bien explicado sobre los inventos conocidos hasta la fecha, que a mi me vino fenomenal; y ya para remate de la felicidad, también había una Biblia, en la antigua versión de Cipriano Valera, (que, confieso que aún hoy soy incapaz de leer), de 1903. Por si fuera poco también una antigua enciclopedia escolar, similar en su estructura a la de Dalmau Carles Pla, pero con unos contenidos muy curiosos en algunos aspectos, tales como las diferencias entre las coronas de conde, marqués, barón, príncipe, etc., o la diferencia existente entre lo que era “miedo” y “terror”. Me di cuenta de su antigüedad el no encontrar en la última lección de historia la foto de Franco, como era lo habitual, sino que en ésta, la historia acababa en una jovencita reina Isabel II. En esta enciclopedia me enteré de que en el diseño de la corona de España figuran las hojas de apio, cosa que me dejo plasmado de asombro. Desgraciadamente todos estos libros, incluida la agenda de mi tatarabuelo han desaparecido, excepto la Biblia y la biografía de Lincoln que aún conservo, y que al igual que la escuela cumple este año los cien. En alguno de los perdidos he tenido yo la culpa, en otros los perritos cachorros que pasaron por la casa, completaron la fechoría.
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