| Centenario de la Escuela de Prieres (I). Agradecimientos de la AVV |
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| martes, 07 de abril de 2009 | ||||||
En la primera década del siglo XX, un desafortunado incendio destroza el edificio que hasta entonces hacía de modesta escuela en Prieres. Son los años de la emigración a América y de las ayudas sociales desinteresadas que los indianos más prósperos hacían llegar a sus pueblos natales. Por fortuna, Prieres contó con este tipo de benefactores, como D. Antonio Sánchez Armayor y D. Fernando Cueria González, quienes junto a ocho iniciadores más, promovieron y financiaron las obras de reconstrucción que culminarían en 1909 en la más importante obra de beneficencia que tenemos hoy en Prieres. ![]() Desde esta Asociación de Vecinos, queremos en 2009, año de su “centenario”— o al menos del centenario del inmueble tal y como lo conocemos más o menos ahora— impulsar el homenaje que personas y entidades se merecen, por hacer posible que Prieres y su gente pueda contar, un siglo después, con tan singular edificio: benefactores, sociedades de beneficencia, maestros, escolares, organismos, autoridades, … que en su momento colaboraron en su conservación y en el fomento de su uso vecinal y benéfico y de la que esta asociación tiene información documentada. Tampoco queremos olvidar, por supuesto, a los naturales de Prieres: los de ayer, por la inestimable colaboración popular en su construcción; y los de hoy, por su firme intención de conservar como patrimonio de Prieres este ejemplar testigo de su memoria colectiva. ![]() Juan Carlos Río Los benefactores Con un capítulo sobre José Acebo Francisco (¿?-1940) iniciamos hace unos meses en El Ferre una sección dedicada a los benefactores de Prieres. De estos prósperos emigrantes que nunca se olvidaron de su Prieres natal, Antonio Sánchez y Fernando Cueria son los vinculados directamente con la historia de nuestra escuela. Dintel de la puerta del edificio De Antonio Sánchez sabemos que nació en 1861 en Prieres y murió en 1935 en Gijón. Si bien su familia directa no está estrechamente vinculada a Prieres, sí contamos con otros familiares indirectos: los de un hermano suyo —“el tíu Matías”— que vivió en Prieres. Su legado no acaba en la escuela, pues la casa del Tabayón — de 1909 y una de las mejores del pueblo— también se debe a él. Su hermano menor, Ramón, emigró como él a Cuba y colaboró junto a José Acebo en la construcción de la Casa Habitación. De vuelta a España ambos hermanos, con su hermanastro Patricio, regentaron la ferretería “La Campana” de Gijón, muy popular en su época. De Fernando Cueria sabemos menos. Unos familiares suyos residentes en Miami, indagando sobre sus orígenes asturianos, encontraron referencias de su apellido Cueria en nuestra página de El Ferre, donde se recoge la colaboración en la restauración de la capilla de su hermano Gabriel Cueria como maestro de obras. En 2008, estos descendientes estuvieron en Prieres y reconocieron saber más bien poco de su tío abuelo Fernando, salvo que tenía industrias en Cuba y una de ellas se incendió. Sabemos que también hay familiares suyos en Abantru. De los ocho iniciadores más que recuerda el dintel de la escuela (vecinos, posiblemente) poco sabemos. En todo caso, su anonimato no impide nuestro agradecimiento y la mención que corresponde a su generosidad. LA SOCIEDAD CASINA DE LA HABANA Estamos seguros de que esta sociedad de beneficencia gozaba de una excelente reputación en ultramar, por su vocación educacional. Así lo demuestra el artículo “La Sociedad Casina. Su brillante Historia" (ver artículo completo) , publicado en El Progreso de Asturias el 20 de diciembre de 1923 en La Habana, del que reproducimos un extracto: “Esta sociedad es una paloma blanca. Un Concejo que nos ofrece el ejemplo de su unión, inquebrantable de su constante y perseveradora labor, el amparo de las desgracias; el Hada protectora de la niñez, en su carácter de protectora de la Instrucción” (Archivo del Museo de del Pueblo de Asturias): Gracias a este feliz hallazgo de hemeroteca, tenemos documentadas las ayudas que esta Sociedad, fiel a su lema ”Beneficencia e Instrucción”, prestó durante sus primeros 15 años de existencia en concepto de auxilios a inmigrantes, socorros prestados a particulares, donativos y labores educacionales. Destacamos de este último apartado el dinero enviado desde La Habana con destino a los pueblos del concejo, entre ellos, Prieres (*): Fuente: Archivo del Museo del Pueblo de Asturias. Gijón (*) A principios de los años 20, y a consecuencia de una gran nevada, se vino abajo el tejado de la escuela. Fue cuando se acometió su reparación y la construcción de la casa del maestro con "dinero de Cuba", como se cuenta en Prieres. Sin duda las obras están relacionadas con estas ayudas de Sociedad Casina, de la que José Acebo era vocal en esa época.
Los maestros Muchos fueron los docentes que tomaron posesión de esta remota plaza. Nombramientos, vacantes y ceses de maestros hicieron que el nombre de Prieres apareciese en los periódicos de la época: Así, la primera referencia encontrada data de 1899. Se trata del anuncio de la vacante de esta escuela para “maestros repatriados de ambos sexos” (EL NOROESTE, 2/6/1899). Además, en 1905 se publica el nombramiento de Doña María del Consuelo Sánchez, (EL NOROESTE, 18/4/05); en 1907, el de Don Manuel Ferrero Lozano (EL NOROESTE, 14/4/07), y en 1909 el de la persona que suponemos estrenó el edificio reconstruido: Doña Severina Nicolasa de la Riva Medina (EL PUBLICADOR, 21/7/09). En 1910 encontramos nuevamente vacante la plaza de Prieres ( EL PRINCIPADO, 8/11/1910) y en 1913 el cese de Doña Manuela Díaz (EL PUEBLO ASTUR, 5/10/13).
De la época de la Segunda República, recogemos la noticia de la recaudación obtenida en Prieres por la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias, destinada a Orfelinatos e hijos de milicianos (AVANCE, 26/1/1937).
La información que tenemos de la postguerra corresponde fundamentalmente a testimonios de vecinos de hoy, niños entonces. Don José Ramón Telenti Gutiérrez, fue maestro de Prieres en los años 40, el primero que recuerdan los de esa generación. Murió no hace mucho, pero no sin que tuviera lugar en los años 90 un último y nostálgico encuentro entre parte de su alumnado y el ya nonagenario docente. Don J. Ramón Telenti con la "reciella" de la época Le siguieron Doña Ángeles, Don Trino, Don Abelardo (le recuerdan impedido de un brazo y vivió en la Casa Habitación), Doña Severina y Don Emilio (éste en casa Beatriz, buen maestro y con talento para las manualidades, como lo testifican los marcos del quesu casín hechos por él y aún usados por los descendientes de su “casera” Beatriz). ![]() Los marcos hechos por D. Emilio Más recientes son Doña Oliva, de posada en casa Socorro; Doña Felisa, en casa Esperanza; Doña Elvira Pipa, que era natural de Nieves; Doña Sara Barrial y Doña Silvina Isoba. A estos nombres, habría que añadir los de Maruja, Tere, Mei, Pili, y el de la última maestra con plaza en Prieres: Carmen Duarte. La última referencia bibliográfica encontrada es la de la convocatoria por parte de la Dirección General de Enseñanza Primaria del concurso de traslados en escuelas rurales. Entre ellas, la de Prieres. (LA VOLUNTAD 21/5/1963)
(Sabemos que fueron más maestros los que contribuyeron a la historia de nuestra escuela. Esperamos ir recordándolos y añadirlos a esta lista provisional) Organismos y autoridades Debido a la despoblación rural de nuestra región, la década de los 70 supuso el fin de las actividades académicas en Prieres y, si bien la planta baja del edificio —o salón— siguió siendo el lugar de uso comunal y de encuentro de vecinos que fue siempre, su primera planta— donde se “impartía escuela”— cayó en desuso, entrando el conjunto en una clara fase de decadencia. Es hacia el año 2000 cuando el edificio recibe un impulso fundamental, de cara a su aspecto y a su uso. El Ayuntamiento de Caso, presidido por Javier Ramos Sabugo, propicia una serie de reformas encauzadas a una mejora de su exterior y a una adecuación interior con la que pueda seguir dando servicio al pueblo de Prieres: la planta baja, como salón comunal; y la primera como escuela taller, donde la artesanía local de cestos y maniegues encuentra un magnífico espacio de exposición. Desde 2005, el edificio también actúa como domicilio social de la Asociación de Vecinos Santa Ana de Prieres , y ambas plantas son empleadas en las actividades de la asociación: cursillos de cestería, de palmas de Pascua, de centros navideños ,… así como celebraciones , asambleas de socios, etc. Por último, en 2006 la Universidad de Oviedo dona a la AVV Santa Ana un conjunto de asientos abatibles para la planta baja; en 2007 el Ayuntamiento de Caso, presidido por Elías Rodríguez Lozano, realiza obras de mejora en el lavabo auxiliar; y en 2009, Asuntos Sociales proporciona un juego de mesas y bancos a nuestra sede social. El futuro En pocos años, el concejo de Caso ha perdido seis escuelas rurales. Algunas reconvertidas en viviendas (Pendones, Bezanes, Coballes y Orlé) , otras en museos (Tanes) y algunas demolidas —como la de Tarna— para hacer un hospital de urogallos. En cualquier caso, todos estos edificios han dejado de pertenecer al patrimonio casín (ahora lo son del Principado) y de poder ser utilizados libremente por sus vecinos, descendientes muchos ellos de quienes con su esfuerzo las construyeron. ![]() Derribo de la escuela de Tarna. (Fuente: LA NUEVA ESPAÑA) Pensamos que la conservación física de estos edificios, así como el fomento de su uso vecinal, han de ser compatibles con este tipo de proyectos, supuestamente dinamizadores de las zonas rurales. Pero lejos de valorarse en su justa medida estos elementos patrimoniales de los pueblos y de tener en cuenta la opinión vecinal, más bien parece que el vacío legal que afecta a muchos de ellos haya propiciado un descarado asalto a su propiedad por parte de las administraciones local y regional, convirtiéndose en monedas de cambio entre éstas, cuyo rédito sólo cabría entender en una clave política que nos resulta ajena. En el fondo y, mucho menos en la forma, nada de esto es necesario para asegurar el asentamiento de la población, ni nada de esto se precisa para atender las necesidades reales de vivienda social. Estamos seguros de que con suficiente voluntad y, sobre todo sensibilidad, todos esos proyectos —cuyos fines no discutimos— habrían podido salir adelante de otra manera, pues a todos nosotros se nos ocurren lugares de nuestros pueblos que, por su estado ruinoso y lamentable, bien merecerían alguna intervención. Las escuelas rurales han perdido el uso académico, es cierto, pero siguen siendo una referencia común de los vecinos, el escenario de vivencias y recuerdos compartidos de la infancia y con un potencial dinamizador importante en el ámbito vecinal. En definitiva, testigos del pasado y guardianes de la memoria de unos pueblos, cuyas conciencias deberían estar más despiertas para no consentir su pérdida, pues ya se sabe que un pueblo sin memoria está condenado al olvido.
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