| Los judíos de Tarna |
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| mircoles, 08 de octubre de 2008 | |||||||||||||||||||
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Encontramos esti articulín en la prensa sobre la procedencia de los tarninos. LA NUEVA ESPAÑA (7/10/08)
El judaísmo es la más antigua de las tres religiones «del libro», y de ella nacieron el cristianismo y el Islam. Su práctica se basa en la tradición oral y en la Torá, un conjunto de textos del Antiguo Testamento que Moisés recibió directamente de Dios. Los judíos creen que ellos fueron el pueblo elegido por él para revelarle la Ley, pero junto a lo religioso mantienen también sus propias tradiciones y una cultura que han sabido adaptar a los distintos países por los que se repartieron históricamente. En España, cuando las persecuciones obligaron a quienes no eran cristianos a marcharse a otros reinos o quedarse aquí renegando de su fe, quienes optaron por lo segundo pasaron a llamarse conversos, renegados o, sencillamente, marranos; y sus descendientes mantuvieron varias generaciones el estigma de no ser cristianos viejos. Se sabe que están en Asturias al menos desde la Edad Media, porque en algunos documentos de compraventa de los siglos IX y X figuran apellidos de testigos de este origen o nombres tan típicos en su comunidad como Daniel, Josué, Salomón o Jeremías, e incluso en 1046 aparece citada una tal María, «conversa», lo que puede adelantar su presencia a los tiempos de los visigodos, que iniciaron en sus reinados las conversiones forzosas a las que se vieron obligados los judíos en tiempos de los visigodos. Por ello es difícil adivinar con exactitud el tiempo que ya llevarían por aquí. Ya en el concilio de Coyanza, que se celebró en la diócesis de Oviedo en el año 1050 se mandaba hacer penitencia a aquellos cristianos que viviesen en la misma casa con judíos o comiesen con ellos, y a los que se negasen a cumplir el mandato se les amenazaba privándoles durante un año de la comunión si eran nobles, o dándoles cien azotes si se trataba de personas «del común»; pero a pesar de ello, en el siglo XII su número ya era significativo en Oviedo y uno de ellos llegó a tener el cargo de Merino de la ciudad entre 1216 y 1225; un puesto de importancia, dado que los merinos eran funcionarios públicos puestos por la autoridad real para ejercer funciones fiscales, judiciales y militares sobre sus territorios. Por ello, cuando en 1274 se redactaron las Ordenanzas de la ciudad, hubo que establecer unas normas regulando sus tradicionales negocios de usura y empeño e incluso se estableció un barrio -el de Socastiello- para que estableciesen allí su judería. Aunque dos años más tarde, el rey Sancho IV no dudó en recortar su influencia dictando unas disposiciones que limitaban su autonomía al prohibir que tuviesen sus propias autoridades y sometiéndoles a los mismos alcaldes que juzgaban los pleitos del resto de los vecinos. Los detalles de su presencia en Oviedo cada vez aparecen más claros, hoy ya se conocen los nombres de algunos de sus personajes más ilustres, que casi siempre eran recaudadores de impuestos e incluso se sabe que tenían su propio cementerio situado en el solar que en el que hoy se levanta el teatro Campoamor? figúrense ustedes el juego que este hecho puede ofrecer para un relato de misterio. Aunque nunca dejaron de ser perseguidos y cuando en 1377 llegó al obispado de la capital de Asturias don Gutierre de Toledo, hizo público su desagrado por que hubiese judíos y moros desempeñando oficios públicos en nuestra región y se dio prisa en excomulgar a quienes fuesen partidarios de dejarlos entrar en las iglesias durante las misas y a los que participasen en alguna de sus ceremonias, e incluso fue más lejos condenando también a todos los cristianos que realizasen negocios con ellos. En cuanto al resto de Asturias, resulta más difícil establecer dónde se asentaron y sólo se han encontrado casos aislados en documentos de Villaviciosa y Cangas del Narcea. Por eso, cuando leemos en algún texto que en la zona de montaña del alto Nalón existió una numerosa comunidad hebrea y que actualmente al menos la mitad de los habitantes de Tarna lleva sangre judía o árabe, tenemos la obligación de ser prudentes antes de aceptarlo sin otras pruebas. Afirman quienes defienden esta circunstancia que los apellidos Simón, Gallinar, Testón y otros frecuentes en aquella zona provienen de aquellos perseguidos por las leyes de los Reyes Católicos que se refugiaron en esta zona aprovechando su aislamiento y lo costoso que era llegar hasta ella en aquella época, sobre todo en los meses de invierno. En efecto, como es sabido de todos, los judíos, dedicados casi siempre -como hemos dicho- a negociar con el dinero y las necesidades de los demás, a menudo fueron objeto de normas represivas que la población aprobaba, aunque sólo fuese por la esperanza de no tener, así, que devolver aquel dinero que les habían prestado. Y cuando las cosas se torcieron demasiado, Tarna se reveló como un buen sitio en el que poder pasar desapercibidos. La lista de agravios y normas ofensivas contra los judíos es interminable: a partir de 1215, debían distinguirse vistiendo un traje con mangas holgadas que les cayesen hasta los pies, y un bonete tapándoles las orejas, y unos años más tarde se les ordenó que llevasen una capa especial con capuchón y rodela de color amarillo y rojo sobre la cabeza. También -por ejemplo- en 1412, entre otras disposiciones, se ordenó que judíos y moros viviesen apartados de los cristianos y que ninguno fuese especiero, boticario, cirujano o físico ni pudiese dar medicinas a un cristiano enfermo. Aunque hay que tener en cuenta que lo que sucedía aquí no tenía nada que ver con las matanzas y asaltos a las juderías que se repetían cada cierto tiempo en el resto de la Península; así que, dentro de lo que cabía, esta tierra era una especie de refugio en medio de un mar de sangre y violencia. Tarna, que ya contaba en el siglo XII con una población estable dedicada a la ganadería, pudo ser un buen sitio para acoger a aquellos que se vieron afectados por la Real Pragmática que llegó a Asturias en 1499. Una orden por la que los muy católicos Isabel y Fernando expulsaban a los judíos de sus reinos prohibiéndoles el regreso bajo pena de muerte. Como ya hemos dicho, hubo quienes se quedaron renegando de su fe, pero otra actitud que se registró con alguna frecuencia fue la de quienes se marcharon para regresar al poco tiempo disimulando su origen, alegando cuando eran descubiertos que volvían para hacerse cristianos. El caso es que diversos investigadores han manifestado que Caso, y más concretamente Tarna, por su extrema situación geográfica, fue uno de los puntos a los que se dirigieron algunas familias para ocultarse y seguramente eligieron este sitio porque tenían conocimiento de que desde finales del siglo XIII también existía aquí una comunidad gitana que había abandonado su condición nómada para vivir sus propias costumbres alejada del control de las autoridades. Si fue así, apenas dejaron más huella que sus apellidos, ya que no se conocen en el Nalón costumbres de tradición hebrea ni señales de alguna sinagoga u otro lugar de reunión; sólo en la memoria popular queda algún lugar como el llamado «Agua Papio», un remanso del Nalón, que hoy se ha integrado en el progreso de Blimea, en el que se contaba que se bañaban los judíos separados de los vecinos, y nada más. Las Cuencas tampoco se diferencian de otros lugares a la hora de considerar a los hebreos la encarnación de todos los males, una idea que la Iglesia católica dejó pervivir hasta no hace mucho: yo mismo recuerdo haber hecho sonar carracas en la Semana Santa del Mieres de los años sesenta para «matar judíos» con cada vuelta. Pero ni siquiera esta costumbre era original, ya que aún se repite en otras zonas de España. La identificación del judío con la avaricia llegó a tal punto que esta palabra se empleó durante siglos como un insulto; y aun hoy, cuando lo decimos de alguien, aunque sea «políticamente incorrecto» todos sabemos de lo que estamos hablando. De manera que cuando en 1844 un grupo de capitalistas ingleses encabezados por John Manby llegó al Caudal para fundar la Compañía Asturiana de Minas a partir de otras empresas que estaban en la ruina, tuvieron serias dificultades para ser atendidos por la población porque se sospechaba que eran judíos. Por otra de esas cosas que tiene el destino, quien relevó pocos años más tarde a los británicos, comprándoles su negocio del carbón y metalurgia fue el francés Numa Guilhou, que aunque era protestante, sí pertenecía a una familia judía. Ya lo ven: estamos ante otro de esos asuntos pendientes de estudio en nuestra historia, ¿Realmente hubo una comunidad judía en Tarna? No cabe duda de que es un tema muy interesante, pero para afirmarlo con seguridad necesitamos más datos.
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